martes, 28 de marzo de 2017

117. Una visita al Infierno.


  ¿Puede el Anticristo ser un héroe? El guionista Bill Mantlo y el dibujante Russ Heath recibieron el encargo de cerrar la breve colección Son of Satan en 1976, en el número que aparecería en diciembre. El Hijo del Diablo era un reflejo del Hijo de Dios, con madre humana y educado en nuestro mundo, lejos de su progenitor. Aunque su naturaleza fuera dual, demoníaca y humana,  se rebelaba contra su padre y buscaba la redención. Su historia definitiva, la única que iban a poder contar Mantlo y Heath, debía consistir, pues, en llevar a Hellstrom al infierno.
  A diferencia de Dante, Hellstrom no tendría un guía, sino tres: primero su madre, luego una lujuriosa seductora -con los rasgos de Vampirella- y finalmente el Misántropo de Brueghel. Porque, aunque el Hijo de Satán jure por los siete círculos, no estamos ya en el infierno de Dante, en el que las almas han sido condenadas a expiar sus pecados, sino que en éste son las almas las que se imponen sus propias penas. La solución estética de Russ Heath para representarlo es eficaz y brillante. Evita cualquier referencia a las ilustraciones de la Divina Comedia y recurre, en cambio, a El Bosco y a Brueghel. La idea que está presente en ambos, y que Heath traslada, es la de una vida voraz que no cesa de alimentarse de otras vidas y que expía, a su vez, su culpa siendo devorada. El código de censura de los cómics no aceptó, en su momento, la publicación de la aparente crucifixión del Hijo del Diablo, por lo que la página de Russ Heath fue sustituida por otra de circunstancias de John Romita. Cabe también que la última página sea total o parcialmente de Romita. Heath y Mantlo se adelantaron a la visita de Sandman al infierno, pero no pudieron, o no les permitieron, llevar su visita a su lógica consecuencia.