sábado, 24 de mayo de 2014

108. Un trabajo heroico

   Enero de 1946, con dieciocho años, Víctor de la Fuente veía publicada su historieta "Un niño heroico" en las páginas de Flechas y Pelayos, semanario del Frente de Juventudes. Una ilustración de Luis Vigil, uno de sus compañeros en el dickensiano "estudio" de López Rubio, presentaba en la portada la historia central del número.
   Antes de llegar al trabajo de De la Fuente, el lector tenía que pasar por las significativas secciones de "Deportes" y "Religión". Sorprende, en cierto modo, que no hubiera una sección más evidente de aleccionamiento político, pero lo cierto es que, con esas dos, ya bastaba.
  En "deportes" se comentaba, con un pretendido tono jocoso, que de los cuatro partidos previstos que iba a celebrar la selección de nacional fútbol, sólo se celebraría uno, con la católica Irlanda. El aislamiento internacional del régimen se hacía evidente, aunque fuera en los márgenes.
  En "religión" se preparaba al lector para la lectura de la historia de Víctor de la Fuente; la historia de Tarsicio, el niño mártir de la eucaristía, durante la persecución del emperador Valeriano. ¡Por el imperio hacia Dios! Ya fuera el imperio romano o aquel que afortunadamente nunca existió.
  Víctor de la Fuente, casi un niño, numeró las ocho páginas y anotó en cada una el total de viñetas: cincuenta y ocho. Cobraba entre una y cuatro pesetas por viñeta. De la Fuente recordaba del director y administrador de la revista: "Fray Justo Pérez de Urbel, de Flechas y Pelayos, jamás me pagó por lo que hice." Un trabajo heroico, el de Víctor de la Fuente.