lunes, 24 de septiembre de 2012

93.2. Flash y la censura


   1934 fue el año de la aparición de Flash Gordon, pero también de la aplicación del código Hays de censura. Aunque los cómics no requerían la misma atención que la producción cinematográfica, sin duda el harén de la ciudad de los hombres-halcones o la celebración orgiástica de las efímeras victorias en el torneo de Mongo despertaron alguna alarma en el King Features Syndicate. De otro modo, resulta del todo incomprensible que Dale portara un absurdo sayo bajo las aguas en el mundo de la reina Ondina, cuyo ombligo sería el último que Raymond dibujaría en la serie.
   Todo código de censura trata como menor de edad al público al que se dirige una obra; padres incluidos, si se trata de una obra para niños. Pero, aun así, hubiera sido preferible un código Hays a las arbitrariedades que sufrió la edición de Flash Gordon en la España republicana y en la dictadura franquista.
   ¡Qué maravillas debe encerrar la obra de Raymond para fascinar a varias generaciones que sólo vieron una sombra de ella! Porque no leyeron una traducción correcta, porque no apreciaron la estructura original de la página, ni vieron los hombros ni la espalda de Dale, Aura o Azura, ni vieron el trazo de Alex Raymond, sino el de un anónimo dibujante que calcaba sus páginas.


 Aventurero 26, 5 de noviembre de 1935.

Aventurero 42, 25 de febrero de 1936.

 Aventurero 57, 9 de junio de 1936.

Leyendas 101, 1944.

 Leyendas 101, 1944.

 Leyendas 105, 1944.

martes, 11 de septiembre de 2012

93.1. ¡No sabes lo que es el amor, Flash Gordon!


   ¿Qué mueve a Flash Gordon, a Dale, Aura, Barin e incluso al cruel Ming? ¿Cuál es la naturaleza del conflicto que se origina entre ellos?
   El sexo. El deseo del tirano inicia el conflicto, la violación de Dale tan sólo es postergada a la celebración de unos ritos nupciales. La princesa Aura, hija de Ming, desea Flash, Barin ama a Aura, Dale ama a Flash. Y los sucesivos villanos repetirán, a su vez, el papel de Ming intentando presurosos desposar a Dale. Pero, ¿cuál es el amor de Flash Gordon?


   Dale ama apasionadamente a Flash, hasta la muerte. Soporta las torturas de Azura, la reina bruja, y las de Ming. Combate junto a Flash hasta que ya no queda nadie en pie, le salva la vida en más de una ocasión y llegan ambos, unidos, al suicidio -aunque Zarkov consiga reanimarlos inmediatamente-. Alex Raymond sigue la lógica de la pasión de Dale hasta el extremo. La aventura en Mongo ya no puede continuar. Un nuevo conflicto, la Segunda Guerra Mundial, les aguarda en la Tierra.


   Flash es, a la vez, el objeto y el obstáculo de la pasión de Dale Arden. Tras vencer en el torneo de Mongo, Flash se somete a la voluntad del emperador aceptando sus condiciones: no se casará con Dale hasta conquistar su propio reino, el reino de las cavernas. Dale pregunta, retóricamente, cómo es posible que Flash prefiera combatir antes que acostarse con ella. Flash sucumbe, además, con demasiada facilidad a los besos, robados o no, de las mujeres de Mongo -Azura, Sonja, Fría, Rena-. ¿Por qué no busca Flash el beso de Dale?




   Al incumplir Ming su palabra, el enfrentamiento se radicaliza; ya no se trata del reconocimiento de sus derechos, sino de derrocar al monarca e instaurar la nueva legitimidad de una república democrática. El beso de Dale sólo es posible con la victoria, con el fin de la aventura.


   Alex Raymond se alistó voluntario, como oficial de la reserva, en los marines y no llegó a finalizar la siguiente aventura. Su Dale se quedaría tan sólo con aquel beso en Mongo.