domingo, 15 de julio de 2012

90. Morgiana y los ladrones. Un cuento para Freixas.


   Cuentan que, avanzada la noche, Morgiana, la joven y bella esclava de Casim, abrió las puertas de la casa de su desaparecido amo al hermano de éste. Adivinó al punto que Alí traía el cadáver de su señor, pero no hubo lágrimas, al menos esa noche, puesto que Alí pidió que la muerte de Casim se mantuviese en secreto.

   Morgiana, siguiendo las indicaciones de Alí, acudió al vendedor de fármacos buscando algún remedio para una súbita y grave enfermedad que ya había dejado a su amo sin habla. Y, al caer la noche, fue en busca de Mustafá, el zapatero, al que condujo con los ojos vendados hasta la casa de Casim, para que recompusiera su cadáver descuartizado. Sólo después de estos preparativos, se lloró la aparente muerte natural de Casim.



   Días después, Alí desposó a la viuda de su hermano y, junto con su primera esposa, se mudó a su nueva casa.
   Un día, al salir, Morgiana vio una marca blanca de yeso que identificaba la vivienda de sus amos. No la borró, al contrario, multiplicó las marcas en las puertas vecinas hasta hacerla indistinguible de las demás. De nuevo una marca roja sustituyó a la anterior y de nuevo Morgiana repitió las señales hasta hacer imposible cualquier identificación.
 
   Otro anochecer, un comerciante de aceite, que conducía una reata de veinte mulas al mercado, pidió pasar la noche en casa de Alí. Cuando todos se habían retirado y Morgiana seguía con sus quehaceres en la cocina, se consumió el aceite de la lámpara. No disponiendo de más aceite, Morgiana fue a cogerlo de las tinajas que transportaban las mulas. Pero ni en la primera, ni en la segunda, ni en treinta y nueve tinajas encontró aceite, sino una misma pregunta: "-¿Ya es la hora?" E igual número de veces contestó en susurros: "-Falta poco, ten paciencia."
   Morgiana no huyó, no pidió ayuda, cogió aceite de la cuadragésima tinaja, lo puso a hervir y achicharró a los treinta y nueve ladrones. El jefe de la banda, al darse cuenta de lo ocurrido, se perdió en la noche.


   Tiempo después, el joven hijo de Alí invitó a comer a un rico comerciante. Tan sólo a Morgiana no engañó su disfraz. Se ofreció a bailar para el invitado. Una pandereta, un puñal, el frenesí de la música, un giro y acabó con la vida del jefe de la partida de ladrones.
   Morgiana dejó de ser una mercancía y como ser humano libre se convirtió en la señora del hijo de Alí Babá.

  *****

   Sherezade bajó la voz, pues sus hijos ya se habían dormido, y sintió que se había contado a sí misma la historia de Morgiana y los cuarenta ladrones.



   
   Emilio Freixas ilustró "Alí Babá y los cuarenta ladrones" para el segundo número de la colección Mis primeros cuentos de la editorial Molino en 1937. A mediados de los cuarenta, Freixas  ilustró una versión abreviada de Alí Babá para Los 10 mejores cuentos orientales de Meseguer Editor, a la que pertenece la penúltima imagen.

4 comentarios:

  1. Thank you for sharing. I like very much Freixas work.

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  2. It's a pleasure to share. Thank you for your comment, Li-An.

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  3. La verdad es que las ilustraciones de temas orientales le vienen a Freixas como el anillo al dedo. ¿Quién, si no Freixas, puede darle a las historias orientales ese vaho de suave ensoñación y melancólica cadencia?

    Un abrazo.

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  4. Segrelles también consigue evocar esas mil y una noches que sólo existen en la literatura. Pero Freixas trabajaba para las versiones infantiles y el primero para las ediciones de lujo ilustradas. Me admira cómo, a pesar de la censura, Freixas conseguía representar mujeres francamente sensuales.
    Un abrazo, Jesús.

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