domingo, 20 de mayo de 2012

87. Freixas Aranguren


   En enero de 1930, la revista Lecturas crecía en todos los sentidos, hasta en tamaño, adoptando el formato magazine. Más espacio y mejor impresión, ya no era necesario reducir el dibujo a la fina línea de la pluma o del pincel; al contrario, los lápices y las aguadas de Freixas gozaban con los volúmenes de los cuerpos y de los vestidos, con la solidez de un mundo idealizado.
  Freixas se volcaba en cuentos que apenas eran cuentos, sino anécdotas; cuentos de amor melancólico, porque éste nunca llegó o por su pérdida, de autores, me temo, prácticamente olvidados. Pero en sus ilustraciones viven aún mujeres que son ángeles, ángeles que son hadas, el frenesí de los caballos y de las fanfarrias y hasta la paradójica belleza de la muerte y de un suicidio.
   En julio de 1936, Lecturas seguía en su mundo, pero el curso del mundo había cambiado. El papel se volvió gris, la falta de recursos y de colaboradores llevó a Freixas a autodesdoblarse en otro dibujante, Aranguren. Y el año 1937 se cerró con un número doble que suponía también el cierre del suplemento de arte y literatura de El Hogar y la Moda, Lecturas.


Jacinto M. Mustieles, "El odio de los padres", junio 1930.



James Oliver Curwood, "El ángel", enero 1931.


 Vicente Díaz de Tejada, "Las arras", marzo 1931.


Jaime Ripoll, "Enséñame a reír, bufón", junio 1931.



M. López Roberts, "La reina de Sabá", noviembre 1931.


 Ana Mª Martínez-Sagi, "El último triunfo", agosto 1932.


 Alejandro Larrubiera, "El collar de la princesa", septiembre 1932.


 Franz Hellens, "La dama de negro", septiembre 1932.



 Jaime Ripoll, "Romances de Homar-Ben-Hafsún", octubre 1933.

 J. Lowell, "El mar devuelve sus muertos", agosto 1934.


 Anatole de Braz, "El campanero de Garlán", diciembre 1935.




 Roberto Molina, "Jardín de maravilla", enero 1936.



 J. Aguilar Catena, "La señorita del lirio", febrero 1936.


 E.M. Lauman, "El árbol osario", marzo 1936.



miércoles, 2 de mayo de 2012

86. Visiones del subsuelo




   Cuando la punta del iceberg es espantosa, basta con imaginar cómo debe ser lo que queda oculto por debajo de la superficie para que el terror se multiplique por diez. Nuestros héroes, Jimmy y Topolino, parece que se enfrentaron al mismo monstruo que, desplazándose por las cloacas, habría abandonado Dread End para alcanzar el figuerasverso; pero no fue así. Topolino se enfrentó, realmente, a otra criatura del subsuelo, el Dr. Siniestro. Éste sí que tuvo que haber entrevisto al monstruo del confín espantoso para ser capaz de construir su réplica. Aunque no se trate, pues, de la misma monstruosidad, no se puede concluir que aquél encontrara en Dread End su fin. Recuérdese que, tiempo después, también hubo noticias de una criatura que habitaba en las cloacas de una ciudad de pesadilla, Metropol.
















   John Stanley, guión, y Ed Robbins (atribuido), dibujos: "The Monster of Dread End", Ghost Stories 1, 1962.
   Alfonso Figueras: "La mano que aprieta", Mortadelo Especial 1, 1975.