lunes, 23 de abril de 2012

85. La historia del cautivo


  En una venta -un castillo para los ingeniosos ojos de un hidalgo-, se dan cita las historias de varios personajes, de bellas mujeres y de un cautivo, huido de un baño de Argel. Un capitán de la compañía de Diego de Urbina, la misma en la que sirvió Cervantes, desafortunado preso de los turcos en Lepanto y que cuenta, de pasada, que más digna de admiración que la suya sería la historia de un tal Saavedra, preso como él en los baños de Argel.
 José Segrelles refuerza, en la primera ilustración, la identificación del cautivo con Cervantes al mostrarlo herido en Lepanto en su brazo izquierdo.


  El terrado de un baño de Argel, en el que entablan comunicación, por medio de una caña, el preso y una mujer invisible.


  El plan de fuga está en marcha. El cautivo, con los escudos que le ha proporcionado la misteriosa mujer, ha pagado su propio rescate. Segrelles aún mantiene velado al personaje, de espaldas en el jardín junto a su padre.


  El esplendor de Zoraida que asombra a su prometido, el cautivo, y al renegado que le acompaña. Deja atrás el islam, llevándose un cofre de oro de la casa paterna.


  La vela de la barca que se pierde en la noche. El  gesto inútil del padre por recuperar a su hija.




  Cinco ilustraciones de José Segrelles para un cuento urdido en la trama del Quijote. 


martes, 17 de abril de 2012

84. La dama de la luz oscura


   En 1947, en la época dorada, antes de que el Comics Code transformara el  oro en bronce, la guionista Ruth Roche narraba las aventuras de Phantom Lady junto con un joven dibujante de veinticinco años, Matt Baker.
  Phantom Lady no usaba antifaz, ni tampoco demasiada ropa, le bastaban unas palabras -imaginémonos que enmascaraba la voz- para hacer creer a su prometido que ella no era Sandra Knight, sino Phantom Lady. Lo divertido de las historias de Ruth Roche consistía en la inversión de papeles, el prometido atontado que necesitaba continuamente ser rescatado por la valerosa y deslumbrante heroína. Lo magistral de Matt Baker era cómo dibujaba y narraba cualquier escena.
Página 2, viñeta 3: el espejo contiene la acción secundaria, a modo de viñeta, pero, muy especialmente, Baker nos ofrece íntegramente de espaldas a Sandra Knight y en el reflejo a Phantom Lady que mira tanto la escena que transcurre a sus espaldas como al propio lector. Matt Baker era mucho más que un dibujante de "chicas buenas".


  Páginas 4 y 5: Baker le da un nuevo sentido al asesinato considerado como una de las bellas artes. Hay una siniestra belleza en el estrangulamiento de Lilli y más aún cuando yace muerta en el centro y a todo lo ancho de la página. Participamos de la pérdida de la bella estafadora, cuyo amante parece defender su cadáver.
  Son sólo dos detalles entre otros muchos, entre jerga de piratas y de gansters.



 De Sandra Knight a Phantom Lady.

 El escenario, Skull Island.

El novio rescatado. 












Matt Baker, 1922-1959.

viernes, 6 de abril de 2012

83. La hora bruja de Stanley Pitt

Ming the Merciless por Stanley Pitt.


   Cuando Alex Raymond se alistó en 1944, hallar un artista que lo sustituyera en Flash Gordon, manteniendo la calidad y la unidad estética de la serie, debía parecer casi imposible. Pero el artista existía, aunque los editores y los lectores lo ignorasen. En apenas dos años, iba a publicar su propia versión de Flash Gordon, "Silver Starr and the Flame World", en el Sunday Sun de Sidney. Un nuevo Flash no era algo tan extraño. A mediados de los cuarenta todo el mundo adoraba a Raymond. E.P. Jacobs y Jesús Blasco, por ejemplo, producían planchas apócrifas de Flash Gordon, a falta del material original.
   En el hemisferio norte, descubrimos tardíamente el talento de Stanley Pitt  cuando sustituyó a Al Williamson en dos ocasiones (1969 y 1972) en otra serie también originalmente de Alex Raymond, Secret Agent Corrigan. Así como por su colaboración en el lujoso fanzine, Heritage 1b,  dedicado a Flash Gordon (1972).



 Secret Agent Corrigan, abril de 1972.


   Gully Foyle, obra truncada de 1967. Página de muestra en la edición española de Unknown Worlds of Science Fiction.


   Boris Karloff y Cynthia, la bella bruja de The Witching Hour, son los respectivos narradores de dos historias, más que de terror, de humor negro. Una cita a ciegas por ordenador, en 1971, que reúne a dos seres con afinidades electivas. Y una tripulación esclavista en busca de un tesoro carnal de ébano y caoba que acaba, justamente, como carne para Batu. En estos dos trabajos, los lápices y las tintas de Stanley Pitt están acompañados por los bocetos de su hermano, Reginald Pitt.














Stanley Pitt, 1925-2002.