sábado, 20 de noviembre de 2010

50.1. El viaje de Eneas


La Eneida de Virgilio se presta, sin duda, a la ilustración de escenas épicas y de fantasía, propias de los mitos; José Segrelles, por el contrario, prefirió destacar antes el atardecer de la derrota de Turno que la victoria de Eneas, o el fin del amor de la reina Dido, que se mata con la espada de su amante, Eneas, o la caída de Troya con la muerte de Laoconte y sus hijos sobre el fondo del caballo de Ulises. Segrelles, como ya vimos anteriormente con motivo de la caída de Camelot o de Jerusalén, prefiere la melancolía de la derrota al enaltecimiento de la victoria. No renuncia, en cambio, al atractivo del mito, la fuerza de Eolo que, por petición de Juno, aparta las montañas para liberar los vientos que harán naufragar a Eneas; las Arpías que impiden el descanso de los troyanos; el descenso a los infiernos, ante Cerbero, acompañado por la Sibila; y el divino Tíber, personificado como un anciano, que señala a Eneas el fin de su viaje. Otro trabajo destinado a los niños de hace casi un siglo que no es una obra menor.









lunes, 8 de noviembre de 2010

49. Dibujos en tiempos de guerra


En noviembre de 1936, la editorial Hymsa (El Hogar Y La Moda) inició la publicación de la serie de fascículos Historia de las Revoluciones Sociales. Emilio Freixas, colaborador habitual de la editorial (Lecturas), se encargaba de las portadas y de algunas ilustraciones interiores. Freixas abandonó, en esta ocasión, la suave armonía de líneas de los cuentos de hadas para plasmar, con la misma rotundidad, la figura de un esclavista o la de un revolucionario, la de Iván el Terrible o la de Stalin; engrandecidos todos por la perspectiva.
Aunque en la portada rece la leyenda "la verdadera historia del mundo", el texto, de autor desconocido, mezcla leyendas con historia, el discurso bienintencionado en contra de la tiranía con la más rastrera exaltación del líder: "...desde entonces Stalin ha sido el caudillo indiscutible de la Unión Soviética (pág. 238)." Un documento histórico de la Barcelona de 1936-37, con no menos históricas portadas de Emilio Freixas.