jueves, 10 de septiembre de 2009

23.2. The Stand

Randall Flagg.

Bernie Wrightson no salió indemne de su obra maestra, Frankenstein (1983), sus trabajos posteriores adolecen de falta de energía y de precisión. Las doce láminas originales de The Stand están firmadas en los años 1984/85; sin embargo, no serían publicadas hasta 1990 en la edición corregida y ampliada de Doubleday -cuya primera edición de 1978 se vio obligado a recortar el propio Stephen King para evitar desmanes mayores-. En la edición del portafolio de Glimmer Graphics de 1991 se añadió una lámina adicional, la que abre esta entrada.
Es frecuente, en el campo de la ilustración, evitar la completa definición de los personajes para que no entren en colisión con las imágenes que de ellos nos hemos formado los lectores. Así, Larry Underwood arropa a su madre, enferma de supergripe, velado por las sombras (lámina 01). Pero, en el caso de Frannie -a la que Larry Underwood imaginaba como una valkiria salida de una pintura de Frazetta-, ya no se trata de que se reste información, sino de que la imagen contradice el texto. Wrightson convierte una escena de amor, el entierro de su propio padre, en una escena de terror de los EC Comics con la esposa deshaciéndose del cadáver del marido (lámina 03). Tampoco la belleza de Dayna brilla en la escena de su suicidio (lámina 08).
Lo más logrado, a mi parecer, es el juego de espejo entre las dos imágenes de Randall Flagg. La primera de espaldas al lector, con las manos en alto y las plumas de cuervo que le caen en el final de su transformación (lámina 07); la segunda, de cara al lector, R.F. alza también las manos, no podemos percibir la aterrada fascinación de quienes le observan, pero su reflejo ya se encuentra en la imagen anterior. Esta lámina, que cierra el ciclo, está mal ubicada en la edición de Plaza & Janés que la presenta como la primera.
Mi amigo Locke, en su blog Pixel Generation, también dedica su actual entrada a The Stand de Stephen King. Nuestro primer crossover, pero no el último.

"-Cálmate -respondió él, turbado-. Cálmate y duerme, mamá."

"...un cadáver sentado, sonriente y con la cara infestada de gusanos. Tenía las manos apoyadas sobre los muslos..."

"...lo cogió por las axilas, lo arrastró hasta el rellano de la escalera y lo deslizó con el mayor cuidado..." (!)

"... al fin su pie estuvo suficientemente cerca para que Lloyd pudiera meter la mano entre los barrotes y cogerlo ..."

"¡Largo de aquí! -les gritó-. Sí, son gallinas; pero son para mis invitados."

"Los lobos parecían reírse de él, con sus lenguas colgando de las fauces abiertas."

"Tenía las manos tendidas delante de él, y de su cabello se desprendían brillantes plumas negras de cuervo."

"Para acabar con todo le bastó impulsar la cabeza hacia la derecha: una astilla de vidrio, afilada como una navaja, se le clavó en el cuello y otra le perforó el ojo derecho."

"Notó que resbalaba. Larry intentó cogerle la mano, pero esta vez no lo consiguió."

"No tenía pelo. Sus brazos, que asomaban de los jirones de la camisa, estaban cubiertos de llagas purulentas. Su rostro era una grumosa masa roja desde la cual un único ojo azul, desteñido por el sol del desierto, observaba con sobrecogedora inteligencia."

"... el viento arrastraba nubes de cristal transparentes que se incrustaban en las dunas polvorientas. El quitanieves John Deere avanzaba sin dificultad."

"Se adelantó hacia ellos, con las palmas hacia arriba, y sonriendo. Sus ojos resplandecían con una alegría de demente."

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